La mirada clínica que sostiene la evolución tecnológica

La enfermería no sostiene la operación por vocación, la sostiene por criterio clínico. Nombrarlo no es confrontar: es asumir responsabilidad profesional.

No todas las decisiones que impactan al paciente se toman al pie de la cama.

Las enfermeras que trabajamos en la industria farmacéutica y de dispositivos médicos ocupamos un espacio distinto: menos visible, pero profundamente estratégico.

Nuestra formación clínica no se diluye al salir del hospital; se transforma.

Observamos desde otro ángulo. Uno que integra procesos, tecnología, seguridad, operación real y consecuencias clínicas.

Somos puente entre lo que se diseña, lo que se vende y lo que verdaderamente ocurre cuando una solución entra en contacto con la práctica cotidiana.

La industria avanza a gran velocidad. Pero la tecnología sin criterio clínico no es innovación: es riesgo. Ahí es donde intervenimos. Anticipamos fallas, identificamos usos incorrectos, traducimos lenguajes y sostenemos decisiones que rara vez llevan nombre propio.

No siempre estamos bajo la mirada de las líderes visibles del gremio. Y no es nuestra culpa.

Cada vez más enfermeras con alto perfil profesional somos incorporadas a la industria porque la evolución tecnológica necesita juicio clínico, no solo desarrollo técnico.

Quizá no todos lo notan.

Pero muchas de las mejores prácticas en salud hoy existen porque alguien con mirada clínica estuvo ahí, incluso sin reflector.

Este texto forma parte del libro La mirada clínica que sostiene la evolución tecnológica, actualmente en desarrollo.

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